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Este foro está basado en la triología erotíca de E. L. James, ninguno de los personajes predetermiados son nuestros pero si sus descripciones. Los gráficos del foro están hechos completamente por los administradores y son exclusivos del foro, estará prohibido robarlos. Todo está bajo la creación de Fifty Shades, agradecemos que tengas en cuenta nuestro trabajo y dedicación no robando nada. Gracias





























Leliana Strokous-Simmons

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Leliana Strokous-Simmons

Mensaje  Invitado el Miér Feb 06, 2013 9:42 am





leliana strokous




  • leliana strokous-simmons
  • lee, ana, reddy (diminutivo de redhead, debido a su color de cabello)...
  • once años
  • seattle
  • rusa
  • estudiantes
  • alumna de educación básica

Descripción

« Él dice que soy demasiado ingenua. Dice que soy tan inocente y pura, que por ridículo que suene lo que me digan o por mucho mal que atenace el mundo, yo sólo veo lo bueno. A él le hace sonreír que me esfuerce en cambiar eso, porque nunca lo consigo. Yo quiero ser más cómo él, pero siempre me equivoco.

El otro día, mientras paseábamos por el parque, arrancó una margarita que crecía solitaria en el suelo y me la puso entre las manos. Me dijo que yo era cómo esa margarita, demasiado blanca para un lugar tan frío y oscuro. Dice que las margaritas iluminan hasta los días más soleados sólo con existir. Y que cada vez que una consigue florecer el mundo se vuelve un poco más bello. Yo opino que todos podemos ser margaritas, porque cuándo miro a los ojos a cualquier persona, sé que dentro de ella hay cosas maravillosas. No sé cómo podría no haberlas.

Pero él se ríe cada vez, y me explica que hay muy poca gente como yo. Dice que incluso él mismo es gris. Yo me enfado con él, porque si hay alguien que puede llegar a compararse con una margarita, es él y no yo. Él es muy bueno y opina que solo merece seguir viviendo porque yo le veo con buenos ojos. Eso me hace llorar, porque miente. Yo no estaría aquí de no ser por él.

La margarita fue perdiendo color durante las semanas siguientes, hasta que un día, al despertarme, se le habían caído todos los pétalos. Intenté volver a pegárselos de nuevo al tallo amarronado, pero este se me deshizo entre los dedos. Me pasé toda la mañana con los ojos húmedos y arrodillada en el suelo, sin darme cuenta del estropicio que causé en la habitación cuándo se me resbaló el tarro con agua. Cuándo más tarde él entro para verme, no paraba de suspirar. Me acogió entre sus brazos y me dijo que, si la ternura de una persona pudiera salvar el mundo, yo sería una superheroína en potencia. Desde entonces, cada día me consigue una margarita nueva y así no tengo que verla sufrir.

No hace mucho, fue el cumpleaños de él. Le pregunté muchas veces que le gustaría que le regalara, porque él me regala muchas cosas. Pero nunca me dice nada, no quiere que me preocupe por él. Me prohibió que le comprara algo, ni tan siquiera me dejaba que pensara en ello. Dice que le doy demasiadas vueltas a todo, y con que tan sólo pasara el día con él, se daba por satisfecho. Pero él se merecía mucho más, así que no le hice caso.

Me pasé muchos días paseando por la playa para recoger conchas de colores, y le hice un collar con ellas. Además, también me esforcé en hacerle un dibujo en el que salía él con alas de ángel y un halo cogiendo de la mano a una niña demasiado pequeña y con expresión triste. Él trajo un pastel muy grande, y después de comérnoslo, le dí lo que había hecho. No era algo demasiado especial, pero él casi se echó a llorar. Luego, me regañó sin ganas y borró a la niña que yo había dibujado. Estuvo un buen rato volviéndola a hacer, y yo miré el proceso desde detrás de su hombro. La niña tan apagada de antes, se convirtió en una mujer sonriente y preciosa que iluminaba al ángel que se agarraba desesperadamente de su mano para poder ser cómo ella. O al menos, intentarlo.

Yo me enfadé mucho, porque había hecho que el ángel quedara en segundo plano. Pero él me explicó que sólo había convertido mi dibujo en una realidad, pues hasta el ángel más resplandeciente debería envidiar y querer aprender de alguien tan sencillo, inofensivo y virtuoso como la niña que lo acompañaba.

Él dice que soy como un ángel convertido en una margarita mortal. Me ha hecho prometer que nunca cambie, aunque sabe que lo haré. Pero yo no sé por qué debería cambiar, si él cree que soy perfecta así. »


Historia

21 de octubre del año 2011:
« … Tengo miedo. Hay gente muy rara a mí alrededor. Ese anciano parece que lleva sin comer durante años, ¡le falta poco para masticar el plato de plástico! Grurghr. Mis tripas llevan así durante horas, incluso se me hace la boca agua con las lentejas de tan poca buena pinta que se está comiendo aquella señora de la esquina. Lo que daría yo por tan sólo un vaso de leche. Pero leche de la buena, de esa que venden en los sitios esos tan grandes dónde me suelo perder. En ellos, siempre escucho a un señor con una voz muy fuerte que dice que la fruta está a mitad de precio, o que la carnicería está dando a probar muestras de jamones. Y se me humedecen los ojos cada vez veo a gente pasear con carros llenos hasta arriba de deliciosos cereales, chucherías o arroz. Llevo tanto sin llevarme algún capricho a la boca… Estoy cansada de comer sólo lo que consigo esconder entre mi ropa desgastada. A veces, tengo que conformarme con las cosas que tiran a la basura. También hay un señor muy simpático que lleva un restaurante de comida exótica que me suele dar las sobras del día si me paso por allí. Tiene un nombre muy raro, creo que algo así como Chú.

Fue Chú el que me recomendó este sitio. Dice que aquí cocinan para gente como yo. Pero no me gusta el ambiente. Hay mucho dolor en las caras sucias de estas personas. Ninguna sonríe. Y a mí eso me parece mal. ¿Por qué suspiran, teniendo un plato de comida caliente entre las manos? No lo entiendo.

Hay una chica muy guapa que me hace señas. Lleva un gorro muy raro, y una especie de capa para el pecho. Chú también suele llevar una pinta parecida. Dice que es para no mancharse mientras prepara la comida. Pero yo me mancho siempre y no llevo esa capa, no lo comprendo. La chica se ha acercado a mí, y yo he dado un par de pasos hacia atrás. No pretendía ofenderla, pero es que de lejos no parecía tan alta. La llamaré Montaña, porque es como una de ellas: de lejos es pequeñita y nadie puede contemplar su belleza, pero de cerca es muy muy grande y bonita. Tiene un plato entre las manos, y me sonríe mientras me lo extiende. ¡Huevos fritos con patatas! ¡Tengo tanta hambre! Abrazo a la señora, porque mi mamá siempre me decía que cuándo alguien es amable contigo debes recompensárselo. Ella suelta una risita y me revuelve el pelo, acompañándome hasta una de las mesas dónde hay un niño muy extraño mirándome. Creo que Montaña quiere que me haga su amiga, porque no hay más gente de mi edad allí, pero me asusta.

“Mamá siempre me decía…” A veces echo de menos a mamá. He leído en los cuentos que las mamás siempre vienen a taparte con una manta y a darte un beso de buenas noches cada día. Pero mamá nunca viene. Tampoco me acuerdo de si antes lo hacía. Papá tampoco. Papá siempre estaba fuera, mamá decía que trabajaba mucho. Pero siempre volvía a casa oliendo raro y gritaba mucho. Mamá decía que estaba enfermo, pero nunca me dijo de qué. Mamá tampoco estaba mucho por casa. Me dejaba un plato de comida siempre en la cocina por la mañana, y una nota en la que decía que se iba a ver a Greg y que no volvería hasta por la tarde. Greg era el jefe de mamá. Mamá decía que era muy bueno con ella, y que gracias a él podíamos permitirnos comer. Pero mamá siempre volvía con los ojos rojos, y cuándo yo le preguntaba por qué, me decía que no era asunto mío.

Pero yo quería mucho a mamá. Y a papá también, aunque papá nunca se acordaba de mi nombre. También estaba Jeff. Jeff era mi único amigo en la escuela. Los demás se metían conmigo porque decían que papá y mamá no me querían. Pero eso era mentira, porque yo quería a papá y mamá. Jeff jugaba conmigo casi todos los días, y a veces me dejaba quedarme a dormir en su casa. Porque papá y mamá chillaban mucho y yo no podía dormir. Pero Jeff prefería jugar con los demás, y yo lo sabía.

Papá no pasó por casa durante muchos días, y mamá siempre estaba llamando por teléfono. No paraba de pasearse y de llenar la casa de ese humo tan fuerte que me hacía toser. La oía sollozar de vez en cuándo. Y yo quería preguntarle qué pasaba, pero ella simplemente me cerraba la puerta. Y me hacía daño, porque me pisaba los dedos. Y yo no entendía por qué. Pero yo quería a mamá.

Un día, papá volvió. La última vez, olía bien. Y mamá dejó de gimotear. Me dijeron que íbamos a hacer un viaje muy largo, que me llevara todo lo que pudiera en una pequeña maleta que me dieron. Conducieron durante muchos muchos días, hasta que pararon en un sitio con un olor muy fuerte y con luces fluorescentes. Ya habíamos parados en sitios parecidos. Decían que se llamaba gasolinera. A mí no me gustaban, pero sólo allí había baños. Esta vez, cuándo salí del lavabo, el coche de mamá y papá no estaba. Grité durante mucho rato, pero sólo apareció un hombre lleno de granos e intentó tranquilizarme. Lo traté muy mal, le dije que todo era culpa suya. Que había perdido a papá y mamá por su culpa. Ojala ahora pudiera pedirle perdón por haber sido tan mala con él. Pero él llamó a unos señores que tenían un coche con luces rojas muy agradables. También llevaban gorros raros, ¿por qué todo el mundo aquí lleva gorros raros?

Hace tiempo que perdí la maleta de mamá y papá. Y muchas noches lloro por eso, porque siento que sin ella, nunca podrán saber dónde estoy y no me encontrarán. Pero seguro que siguen buscándome. Por cierto, las patatas están muy ricas. Montaña es mejor cocinera que Chú. Se lo diré. A Chú siempre le hace gracia lo que digo. »

2 de enero del año 2013:
« Mamá y papá no van a volver, me lo ha dicho él. Odio a mamá y papá. Pero él es un buen tipo. Dice que soy muy inocente, y que debería andar con más cuidado porque las calles no son seguras para una niña tan preciosa como yo. Siempre me hace sonrojarme cuándo me llama preciosa. Sin embargo, con él no tengo miedo.

No he vuelto al comedor desde hace meses. Solía quedarme a dormir allí, porque Montaña me dejaba. Pero él me rescató. Ya no llevo ropa mugrienta nunca, todos los días me regala un vestido nuevo. Y cada vez que tengo hambre, puedo marcar en el teléfono un número mágico en el que puedo pedir lo que quiera y más tarde aparece un hombre con justo lo que he dicho. Él dice que se llama “servicio de habitaciones”, pero él siempre dice palabras muy raras.

Me río mucho con él. Me lleva al parque todos los fines de semana, y me ha apuntado a un colegio muy grande y entretenido. No es como mi anterior escuela, aquí los niños no se burlan de mí. Aunque yo nunca hablo con ellos, sólo hablo con él. Porque sé que él no me hará daño.

Él tiene un nombre muy bonito, pero yo prefiero llamarlo Él. El día que me dijo que me fuera con él, me asustó mucho. Pero él es bueno. Nunca me grita, me deja hacerle preguntas y me cuenta cómo le ha ido el día. Él me da todo lo que quiero, y me ha dicho que me mantendrá hasta que yo me canse. No sé como podría cansarme de él.

A cambio, yo sólo tengo que hacerle caso cuándo me dice que haga algo. Entonces se pone muy serio, pero luego siempre sonríe porque sabe que eso me hace sentir mejor. Nunca me deja ir a la habitación de al lado, porque dice que es suya y lo que hace allí es privado. Dice que trabaja para una asociación secreta, pero yo no le creo. A veces escucho ruidos muy raros desde dentro, pero aguanto la curiosidad por él. A veces, sale gente que no es él de esa habitación, pero no pregunto porque sé que es cosa de él.

De vez en cuando entra en mi habitación por las noches, y me abraza. Y se pasa toda la noche conmigo, y me aprieta muy fuerte hasta casi dejarme sin respiración. Dice que es porque le da miedo perderme. Pero yo no me pienso ir, porque él me lo ha dado todo en muy poco tiempo.

Antes le pedía que me leyera cuentos, y él se reía. Decía que eso era para niñas pequeñas, y yo me enfurruñaba. Pero él me daba un beso y me leía un cuento. Siempre me dejaba elegir, y eso me gustaba. Porque nunca nadie me había dado a elegir algo. Cuándo no me gustaba el final de una de las historias, él se inventaba otro mejor sólo para que me fuera a la cama tranquila. Ahora, ya no me lee cuentos, porque yo le pedí que dejara de hacerlo. Dice que he crecido mucho, y eso me hace sonreír.

Él me hace sentir bien. Al principio, me asustaba que se acercara tanto a mí. Pero él decía que era su forma de ser, que jamás me tocaría un pelo si yo así lo quería. Sin embargo, él era muy bueno y seguía comprándome cosas. Y yo lloraba, y decía que no me lo merecía. Por eso, ya no me asusta que me toque. Por eso, ya no me duele no poder compensarle todo lo que hace por mí. Porque le dí permiso para dormir conmigo. Él dice que lo llame así, dormir, porque la gente no lo entendería. Y yo pienso que eso es porque la gente no lo conoce.

Dice que, cuándo sea más mayor y no le necesite, podré elegir, cómo elegía en los cuentos. Dice que si decido quedarme con él, tiene un regalo para mí el día de mi dieciocho cumpleaños. Pero aún falta mucho tiempo, y yo quiero tener dieciocho años ya para poder abrir mi regalo. Él dice que no me impaciente, y me acaricia la cabeza.

Él es como papá, pero en bueno. Le quiero mucho, a él. »
Descripción Física
« Él dice que, si cogiéramos al Sol en el momento justo en el que se esconde tras las montañas, cuando el cielo se vuelve de un color anaranjado y la ciudad se baña bajo luces del color de la sangre, y lo juntáramos con el diamante más limpio y transparente que exista sobre la faz de la Tierra, sólo entonces, nacería alguien como yo.

Pero él dice muchas tonterías, y yo nunca le creo.

Yo veo a mucha gente cuándo no estoy en la habitación de hotel. Siempre andan con prisas, y apenas puedo fijarme mucho en ellos. Además, son tantos que acaban mezclándose entre sí y no puedo distinguir a nadie en concreto. Vive mucha gente aquí, y nadie se para un segundo a mirar las caras de los demás. Pero yo sí. Hay gente muy guapa, gente que son tan altos como rascacielos, gente que parece un peluche enfurruñado, gente de muchos colores. Pero no hay ninguno igual, y me confunde. Porque yo no me parezco a ellos, y ellos tampoco se parecen. Por eso, no entiendo cuándo la gente dice que ha encontrado a su media naranja, por ejemplo. ¿Por qué se comparan con naranjas? No se parecen a ellas.

La primera vez que me miré a un espejo, me sorprendí mucho. Porque yo no me veo desde aquí dentro, sólo los demás pueden hacerlo. Desde entonces, he cambiado mucho. No soy tan alta cómo el, ni tampoco tan grande. Casi siempre tengo que levantar la cabeza para poder hablar con los mayores, aunque entre la gente de mi edad soy de las más altas.

Él dice que soy como una espiga, porque por mucho que coma sigo siendo pequeña y delicada. También me suele comparar con la nieve, porque el Sol apenas oscurece mi piel de un blanco gélido. Él dice, que si no fuera por mi pelo tan rojo como el fuego, daría frío con tan sólo mirarme. A él le gusta mucho hacerme ondas en el pelo, y también trenzas, porque dice que así parece que yo haya conseguido atrapar las llamas del infierno y ponérmelas de cabellera. Pero casi siempre me lo deshago y me lo suelto, dejándolo caer libre y liso, sólo para molestarle.

Lo que más me gusta son mis ojos, porque él siempre sonríe cuándo los abro mucho y puede verlos con claridad. Él dice que son como una esmeralda desteñida con el paso del tiempo, pero que aún conserva ese color y belleza intensa que te atrapa y no puedes dejar de mirar.

Pero él dice muchas tonterías, y yo sigo sin creerle. »
Otros
« ;; El apellido de mamá y papá es Strokous, pero no me gusta, porque me recuerda a ellos y yo no quiero ser como ellos. Así que, cuándo me fui con él, le pareció bien que adoptara su apellido. Por eso me llamo Leliana Simmons.

;; No me acuerdo muy bien de cuándo encontré este diario. Creo que fue unas semanas después de que mamá y papá me dejaran en la gasolinera. Yo no sabía qué era, así que se lo pregunté a Chú –echo de menos a Chú–, y me gustó lo que me dijo que se hacía con esta pequeña libreta. Así que desde entonces, escribo casi todos los días en ella.

;; Él dice que dibujo muy bien, así que me ha apuntado a unas clases en las que me dejan el material y yo puedo dibujar con ayuda de una gente muy simpática. Todos son mayores, pero me caen muy bien. Él dice que llegaré a ser una artista, y yo quiero hacerlo para que se sienta orgulloso de mí. »









Última edición por Leliana Strokous el Miér Feb 06, 2013 10:48 am, editado 2 veces

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Re: Leliana Strokous-Simmons

Mensaje  Fifty Shades el Miér Feb 06, 2013 9:44 am


¡ficha aceptada!

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